Una sonrisa tuya bastará para sanarme

Es curioso lo fácil que es hacer felices a los demás cuando uno está recién estrenado en esto de la vida. Mujeres, hombres, mayores y niños, de toda clase y condición, se asoman a verte con curiosidad, ternura, entusiasmo o admiración, cada una lo suyo.

Eres el principio de todas las cosas. Alguien pequeño pequeño con un poder grande como una medicina. Les miras, rebuscas dentro y, tachán, sacas una sonrisa de tu chistera interior. Cada vez que esto sucede, tu madre está tentada de sacar una cámara y grabar la transformación que se produce en sus caras. De pronto empiezan a brillar, rejuvenecen veinte años unos, otros diez, otros unos días.

Están regodeándose en la alegría que les produce la Vida con mayúsculas. La tuya, que es la suya también, y la de los que les precedieron. La Vida que nos vive a todos por dentro, y por la que nos sentimos inevitablemente atraídos, como la Luna a la Tierra.

Una sonrisa tuya basta para sanarles y dan ganas de salir a curar al mundo, siempre con tu permiso.

Esbozando una sonrisa

Esbozando una sonrisa

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