Tatuamanía

A. ha descubierto la increíble sensación de que un gesto pueda dejar su huella con tan sólo tomar un bolígrafo para realizarlo. La tinta acompaña al gesto y el papel lo registra. Eso fue lo que le enseñamos, pero el papel es un espacio reducido, limitado. El cuerpo se ha convertido en un escenario mucho más interesante para la experimentación con la ventaja de que se borra con cada ducha y puedes volver a crear.

Es un paso intermedio entre la calcomanía y el tatuaje. Aúna lo mejor de los dos mundos: lo efímero, no dura siempre, y lo artístico, lo hecho a mano. No es que lo fomentemos, lo hace al mínimo descuido pero a mí me están entrando ganas de tatuarme como ella, dibujar cada día lo que al brazo se le antoje, dejándome llevar por el impulso creativo sin que importe lo más mínimo el qué dirán (sobre todo porque se lo dirán a tu madre).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *