Tardes de trópico

Hay tardes de semanas interminables que, de pronto, te regalan un billete de vuelta al Trópico. No te has marcado ningún objetivo más allá de pasar las horas en compañía de tu hijo de año y meses. Nada es una obligación: ni poner tu vida en orden, ni reponer una despensa, ni mucho menos cuidarlo… Vais a pasar la tarde juntos, una tarde libre, en la que tal vez acabes llenando la nevera y escondiendo calcetines tirados en una habitación, pero en la que el foco no está puesto en una carrera de obstáculos sino en un oasis en el que todo fluye a ritmo tropical. Estamos enfocados a la calma y al disfrute, al juego y a la risa, caminando por la ciudad juntos sabiendo que transcurrimos por un tiempo bien empleado, vivido en Lo importante, libre de absurdos. Percibimos cómo nos movemos más lentos que el resto del mundo, cómo nos salen sonrisas sinceras, desbordadas de gratitud cuando alguien nos cede todo el espacio que ocupamos en las calles y cómo a su vez esas sonrisas les transforman, les ralentizan también y les devuelven un fragmento de ese Importante, que por un momento habían olvidado, en forma de billete hacia el Trópico.

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