Para mantener el calor

Te levantas oyendo el grito cantado de “¡El do-min-go es fies-ta! ¡El do-min-go es fies-ta!”. Y te alegras. Te alegras de la alegría. Y a la vez tienes un impulso, el de cerrar la puerta para que no se escape, como el calor.

Me imagino haciéndolo en un gesto ridículo pero a la vez un poco necesario. Este impulso de entornar la puerta para que el ambiente emocional de la casa, del piso, de los cuerpos, se mantenga cálido.

Pero tiene algún sentido, no lo de aferrarse a las emociones, pero sí el propiciar que se den eligiendo conscientemente entornar la puerta o, lo que es lo mismo, pararte, cargarte, mimarte de alguna forma para llenar el tanque de la energía y decirte, vale, ahora voy ponerle ganas, aun con el sueño, aun con los sueños que tal vez esa noche no te han dejado descansar.

Hay días en los que se hace más fácil que otros, días en los que tienes más energía, más paciencia -y a menudo hay una relación directa con el tiempo que has dedicado a encargarte de estar en paz tú- pero aceptar que ni nosotros ni nuestros hijos tenemos que ser perfectos es un comienzo. Revisar y cuestionar qué pensamientos catastrofistas nos visitan cada vez que hacen una tontería (agravada únicamente por la lectura que hacemos de ésta influenciados por esos pensamientos), una buena continuación. Y cantar o bailar con ellos para celebrarlo, el colofón necesario siempre, porque «el domingo es fiesta» y el resto, días de guardar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *