Mindfulness en la cocinita

A. ha empezado a jugar a cocinitas. Como todo lo que aborda, lo hace con atención plena. Eso me ha llevado a tomarme el momento de cocinar como ella, como una práctica informal de mindfulness -es exactamente lo mismo que ella piensa cuando se pone a jugar-.

Eso implica básicamente estar cocinando mientras cocino. Es decir, intentar estar sólo cocinando mientras cocino, frente a estar escuchando un curso online a la vez que pienso en otra cosa y se me sale el agua porque no he oído que estaba hirviendo.

Hay una extraña felicidad en conseguir estar sólo cocinando, en fijarte cómo el agua mueve el arroz en el colador, en sentir la resistencia del agua frente a la cuchara que intenta imponerle una dirección a los alimentos que flotan en ella. Porque hay una extraña felicidad en estar sólo en una cosa, sin más.

No es obvio cuando tienes más de 15 meses, bueno, sigue siendo obvio durante mucho tiempo más pero pasados los 30 debes recordar cómo se hacía. Y, a base de insistir, de acostumbrarte al silencio del altavoz, de volver del pensamiento a la olla, vas abriendo la brecha por la que se avista la extraña felicidad del presente. O tal vez la felicidad de siempre, la de los 15 meses y tantos otros.

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