Las grandes personas tienen cajitas dentro

Llegas a los treinta (entendidos como década) pensando que te conoces, que has aprendido a dominar casi todas tus pasiones, que ya no hay nada para lo que no tengas respuesta sobre ti mismo y va y te haces madre. Y queda al descubierto que tus viejos defectos son los mismos y que, nuevamente, tendrás que pulirlos a conciencia para no sucumbir a la imbecilidad a la que te empujan. Es duro decirlo, pero algunos, si nos dejáramos llevar, seríamos considerablemente insoportables. Así que el mérito reside en no serlo finalmente, aunque sea esfuerzos mediante. Ahí está una persona de unos ochenta centímetros desafiando los límites de tu bondad, el espacio de tu ego, tu capacidad para desprender invulnerabilidad en las situaciones más inverosímiles o incluso en las más verosímiles,

tus aptitudes para la negociación, para mantenerte en tu sitio y recordar cuál era ese sitio a pesar de tu tendencia a la dispersión, ¿dónde estaba yo? ¡Ah, sí, en la silla roja! ¿Qué estaba diciendo? ¡Ah, sí, que no se pega! ¡Ah, sí, que se dice guapa! ¡Ah, sí, que a mí tampoco me apetece deshacernos de este pañal, pero tenemos que hacerlo, hijo! ¡Ah, sí, porque aunque resulte extraño, muchas veces

en la vida nos toca hacer cosas que no nos apetecen por un bien mayor, que la vida a veces tiene esas paradojas, que la propiedad privada es un invento difícil de asimilar, que comer con tenedor es lo que toca, que hay que explicarte tantas cosas y creernos tantas otras…! Y mientras ese arañazo aún nos duele en la cara porque estás aprendiendo que eso no se hace, lo que nos salva de inundarnos en la anécdota es recordar la dimensión del proyecto, levantar la vista hacia lo que tenemos por delante, pensar en la gran persona que serás (y que ya eres en potencia) en cuanto hayas aprendido tantas cosas que no debemos cansar de repetirnos, de repetirte, que no deberás cansar de repetirte tú también cuando con cada nuevo reto veas que ahí están tus defectos y al otro lado, la lista de recomendaciones para ser mejor persona, para que el mundo sea un lugar más habitable y feliz, como tú. Personas habitables y en paz con sus defectos en cajas, lo más ordenados posibles, clasificados, detectados, con sus antídotos en otras cajas, a mano, muy a mano. En el largo plazo está también todo lo que aprenderemos contigo, volviendo a ordenar una y otra vez ese interior cada vez más conocido. Cada vez mejores personas todos, tal vez sabios algún día, ojalá.

En la foto: simulación del interior de una gran persona.

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