La vuelta al mundo en 365 días

El mundo ha dado una vuelta completa desde que naciste. Estamos en el mismo lugar, mirándonos a los ojos con una risa que se escapa como el hipo, a borbotones. La carcajada también tuvo una primera vez. ¿En qué lugar debía estar el mundo cuando se produjo? Se detuvo un momento a escuchar y continuó su giro, con nosotros encima, cambiando de pantalla cada día justo en el momento en que subíamos la persiana. Como en los vídeojuegos, la vidajuego avanza superando retos, no siempre acordes a nuestro tamaño. Después de soplar una vela, caminar, correr, subirte en una bicicleta, un tractor, aprender a decir “alle” señalando a la puerta de salida como tu segunda palabra perfectamente comprensible después de “mamamamama” y tras algún intento de “agua” e infinitos de “papá”, que dominas en otros muchos idiomas: aita, dada… Después de todo eso, decía, hoy, tras la persiana, había un montón de ropa con tu nombre, un colchón portátil para echar siestas, una agenda escolar, fotos y una bata de rayas azules: por fin vas a presentarte al mundo como individuo independiente. Buenos días, me llamo M. y estoy aquí porque he pasado de pantalla. Vengo a conoceros y a conocerme. Influiréis en mí y yo en vosotros. Seréis algunos de los primeros nombres que recuerde. Y así una vez tras otra a lo largo de la vida, hasta que no nos queden fuerzas para subir la persiana y, aún así, el mundo siga rodando con nosotros en su rol de acogedor.

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