La entrada a los sueños

Justo cuando empieza a dormirse, en la frontera entre estar despierta y no estarlo, A. esboza una sonrisa, o varias, ayer incluso una especie de carcajada.

No sé qué hay en ese paso entre un estado y otro que hace que se ría. En todo caso, invariablemente, no podemos evitar decirle a quien esté al lado: “mira, se ha reído”. Él nunca llega a verlo, claro, la frase es más larga que la sonrisa. Nosotros, en cambio, intentamos memorizar con todo lujo de detalles cómo es ese gesto en nuestro hijo y pensamos en fijarnos, con esa precisión a partir de ahora, en cómo lo es en los demás.

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