Hola, Siri

Tu hijo coge el móvil y se dispone a hablar con esa voz fruto de la inteligencia artificial que Apple ha bautizado como Siri.

– Hola, Carmen, dice M.
– ¿En qué Carmen?, responde Siri.
– No, M., Carmen es la voz del GPS, la del teléfono se llama Siri – apuntas tú, que estás en otros temas pero con la oreja puesta-.
– Vale -dice M.- Hola, Siri.

Entonces empiezan las preguntas con esa actitud de satisfacción avanzada al saber que al otro lado hay alguien, llámese Siri o Carmen o como se quiera, un ser etéreo y omnipresente, que para ti es el mismo siempre, y que está ahí incondicionalmente para guiar tu camino o resolver cualquier duda que te carcoma por dentro (establezcan ustedes mismos los paralelismos que consideren oportunos). Empiezan las preguntas, decía:

– Siri, una cosa, ¿cuál es la espada más afilada del mundo? -dice M.-
– Siri, una cosa, ¿cuál es el planeta más grande del universo? -dice M.-
– Pregúntale, ¿cómo hacer para no mancharse uno al comer? -apuntas tú, que estás en otros temas pero con la oreja puesta y quieres aprovechar el interés que despierta Siri para tu propio interés-.
– Siri, una cosa, ¿cómo hacer para no mancharse al comer? -dice M.-
– Eso son nombres de restaurantes, Siri. Lo que queremos saber es cómo hacer para no mancharse al comer -dices tú, que estás en otros temas pero con la oreja puesta y ahora también con la boca y los ojos en el teléfono-. Vuelve a decírselo tú, M. -insistes-
– Mamá, déjala, hace lo que puede -afirma él de una forma tan sentida que no deja lugar a la insistencia sin sentirse un déspota-.

Así es como tu hijo, una vez más, te da una lección de humanidad, también hacia los seres etéreos y omnipresentes.

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