Firma invitada número 4: Silvia. Cuéntame un cuento (y que sea de miedo)

Me despierto. Alguien me está agarrando fuertemente por detrás, exactamente por el cuello, no deja que me mueva y me está ahogando. Pienso: es Berta, mi hija, hoy se ha dormido en mi cama. Me la quito de encima como puedo. Cuando lo consigo miro a mi lado y veo que duerme plácidamente. No es ella. Busco. Veo una sombra que se mueve hacía la cocina. Enciendo la luz. No funciona. Tranquila, me digo, estamos en un sueño. Con el paso del tiempo he aprendido un truco para utilizar dentro de los sueños. Recuerdo cómo he dejado algún trasto antes de dormir, busco cosas que utilizo normalmente y no están, me cercioro de

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Hola, Luna. Firma invitada número 2: Carol ojos intrépidos (siempre más allá)

Mi hijo hoy ha mirado al cielo y ha señalado la Luna. No sabía lo que era y yo le he dicho: “Sí, Darío, la Luna”. Y él ha dicho “Hola Luna”. Qué impacto. Más que cuando dice “Hola puerta” y “Hola cactus”. Eso me hace gracia pero lo de “Hola Luna” es como mágico. Saludar a algo tan lejano es raro y él lo ha hecho con una naturalidad increíble. Para él la Luna es tan cercana como las pinzas de tender la ropa. Digo las pinzas porque son uno de sus juguetes favoritos.
En algún momento se dará cuenta de que la gente solo saluda a las personas o a los animales pero yo le recordaré que él saludaba a la Luna y que la puede seguir saludando.

Firma invitada número 1: Anita Pez

Soy nuevo y todos me miran como si fuera prodigioso. Se sonríen y me abrazan. Se sorprenden con cada uno de mis bostezos como si ellos mismos no bostezaran. Yo no me siento especial pero, con tantas atenciones he empezado a pensar que debo ser alguien importante. ¡Quizá soy el rey de la tribu!

Algunas veces ejerzo como tal y les pongo a prueba para comprobar si me son verdaderamente fieles. Pero, por muy alto que ponga el nivel, no hay obstáculo físico o emocional que no soporten. Quién sabe, quizá he llegado a un planeta de súper héroes…

Por ahora disfruto de mi condición de querido y soy feliz. Tengo todas mis necesidades de besos, abrazos, verduras y leche cubiertas. Ellos están allí para dormirme, abrazarme por mucho que me emberrenchine y reírme todos mis deditos gordos de los pies. Me gusta verlos embobados cuando descubro el césped o su cara de sufrimiento y aprensión cuando me acerco a la pantalla de la tele con mi súper maraca de papel maché.

A veces pienso que la vida, sin duda, debería empezar al revés…

Firmado: Leo