Firma invitada número 4: Silvia. Cuéntame un cuento (y que sea de miedo)

Me despierto. Alguien me está agarrando fuertemente por detrás, exactamente por el cuello, no deja que me mueva y me está ahogando. Pienso: es Berta, mi hija, hoy se ha dormido en mi cama. Me la quito de encima como puedo. Cuando lo consigo miro a mi lado y veo que duerme plácidamente. No es ella. Busco. Veo una sombra que se mueve hacía la cocina. Enciendo la luz. No funciona. Tranquila, me digo, estamos en un sueño. Con el paso del tiempo he aprendido un truco para utilizar dentro de los sueños. Recuerdo cómo he dejado algún trasto antes de dormir, busco cosas que utilizo normalmente y no están, me cercioro de

que algo que funciona ya no, lo hace… cualquier anormalidad permite que identifique si es sueño o realidad. Esta artimaña que parece tan ridícula me salva en los sueños, hasta que la aprendí siempre perdía porque me paralizaba el miedo. La sombra se hace figura. Es una niña de unos siete años, morena, pelo liso, con dos coletas. Se echa sobre mí, me ataca. La agarro del brazo con toda mi fuerza y la arrastro hacia el balcón con la idea de tirarla. El balcón de la casa tiene dos puertas de cristal. Consigo abrir la primera puerta y cuando voy a abrir la segunda miro a la niña y pienso: podría ser mi hija. Recapacito y decido, en lugar de tirarla, dejarla entre las dos ventanas. Ella me mira a los ojos con firmeza mientras se toca el pie derecho Me despierto, angustiada, como siempre. Todavía son las cinco. Berta continúa durmiendo plácidamente, no se la ha llevado. Después de un rato me vuelvo a quedar dormida pero con la luz encendida. Ya no está en el balcón, pero la siento, es su mirada, volverá. Enciendo el ordenador. Estoy escribiendo: mi primera historia de miedo. Espero que no sea la última.

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