Arcilla

Tener un trozo de arcilla entre las manos, siempre te ubica. Ya sea porque estés mordiendo el barro, centrado en crear el botijo de tu vida, o bien, porque tu hijo te lo haya dado antes de salir de casa y lo descubras al cabo de unas horas, al volver a meter la mano en el bolsillo de tu abrigo, después de una jornada laboral. ¿Qué llevo yo aquí?, te preguntas. Recorres a ciegas, con la yema de los dedos, aquel objeto. Rebuscas en tu memoria más reciente y entonces, por fin recuerdas, no sólo qué es, sino también de dónde vienes y a dónde vas.

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